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domingo, 31 de marzo de 2019

No sé por qué te quiero. Mundos Divididos





Alguien me dijo una vez que cuando no sabes por qué quieres a una persona es cuando realmente estás enamorado, es decir, tal vez si te quiero porque me cuidas te estaría queriendo egoístamente, si te quiero para que me recuerdes que no quieres perderme te podría estar queriendo por miedo a la soledad, si lo que más me gusta de ti es esa sonrisa que enamora y esos ojos donde perderse es demasiado fácil, te podría querer solo para un rato o para hacer un poco más bonitos mis días cada vez que te miro. Pero no lo sé, no sé un motivo específico por el cual eres tú y no es otro, no sé si es por tu forma de ser conmigo, por tu forma de ser en general o por todo lo que no eres.

No sé si porque puedo ser yo sin dejar de ser nosotros o porque nunca nos ha hecho falta un nosotros para saber que somos dos. No sé si es por tu forma de reír o por la primera vez que te vi llorar, si por tus silencios o cuando te da por hablar y ya no paras. No sé si es por todo lo que hemos pasado o por todo el tiempo que nos queda. Ni si quiera sé si te quiero por casualidad, por destino o por algún error del pasado que cometería mil veces más.
No sé si es porque haces que olvide todos y cada uno de mis defectos o porque me he enamorado de los tuyos, tampoco sé si la razón es que te quiero de más o porque soy consciente de que si te vas te echaré de menos. No sé si es tu fuerza o la fuerza que me das cada vez que te hundes y tengo que levantarte del suelo, o acostarme allí contigo y ya pasará todo. No lo sé, tampoco sé porque te sigo queriendo cuando te enfadas, porque te quiero un poco más cuando te enfadas, cuando tengo que recordarte que te quiero, porque a veces se te olvida, o simplemente te gusta que te lo recuerde.

No sé si es cuando estás bien o cuando tengo que sacarte una sonrisa en un día de esos de mierda. No sé si te quiero más cuando me cuidas o cuando tengo que ser yo quien te acaricia por la espalda y te digo que todo va a estar bien. He descubierto que la mejor manera de cuidarme es cuidarte, que te quiero cuando te rompes en mil pedazos, cuando no quieres saber nada de nadie, cuando todo te va mal, es entonces cuando me gusta recordarte que no importa en cuantos pedazos estés, que yo seguiré queriendo a cada uno de ellos. Podría decirte que te quiero porque no encuentro sonrisa más bonita que la que tú me regalas, que no he encontrado otro espejo mejor donde mirarme que en tus ojos, que me haces sentir especial, que poca gente te conoce de verdad, pero quien te conoce te quiere. Pero es eso, eso puede hacerlo todo el mundo. 
A lo que me refiero es que yo te quiero por todo lo contrario, por todas las veces que te equivocas, por todas las veces que la cagas y terminas haciéndome daño sin ni si quiera darte cuenta, porque corres a pedir perdón justo después de eso. Te quiero cuando ni si quiera tú lo haces, cuando odias tus manías y no eres capaz de mirarte al espejo por miedo a ver algo que no te gusta. Por tu inseguridad que te hace tan vulnerable en ocasiones, por las veces que callas lo que sientes por miedo a abrir tu corazón y que te lo rompan, porque una vez decidiste abrirte conmigo, y desde entonces no encuentro otro sitio al que llamar hogar. Y sinceramente; tampoco quiero encontrarlo.


domingo, 24 de marzo de 2019

Deja de ser sal, que tengo la herida abierta.




Antes que nada, Espero que sepas ver que esto es un grito de socorro, una  necesidad de gritar algo que lleva tiempo retumbándome en la cabeza, un necesito acabar con todo, contigo o sin ti, ya me importa poco. Pero necesito acabar ya. 
Pues bien..
Hace un tiempo leí que crecer es aprender a despedirse, no lo entendí, hasta que fui creciendo. Ojala nunca os deis cuenta de ello, pero todo el mundo crecemos, y es una putada, pero una putada inevitable.

Crecer es una mierda, si, es verdad que descubres sensaciones, emociones, gente nueva, gente que te salva, que te mata, que te vuelve a salvar, gente que llega por casualidad y se queda a vivir, gente que hace que la vida sea menos puta si están a tu lado.
Pero duele, crecer duele, duele cuando te das cuenta que la vida no es lo que los ojos de un niño pequeño alcanzar a ver, duele entender muchas cosas, duele ver otras realidades que cuando eres pequeño se encargan de que no las veas, duele despedirte, y todos, todos nos hemos despedido de alguien que iba a ser para siempre.

Y lo que es peor; Duele ver como las cosas cambian y no ser capaz de ponerle freno.
Hablo de las despedidas sin decir adiós, de quien todavía no se ha ido y ya le estás echando de menos, de quien tenía un papel firmado en tu vida que ponía « para siempre» y solo se queda en eso, en un trozo de papel que poco a poco se va llevando el paso de los días

Y duele, claro, duele ver cómo alguien se aleja poco a poco, porque un adiós, destroza pero es mucho peor cuando se queda en puntos suspensivos, cuando es hasta cuando.¿Hasta cuando? ¿Hasta que decidas volver a ser el de antes? hasta que uno de los dos se canse de jugar a fingir que no pasa nada?
Hasta que yo me harte de que me digas que todo está bien o tú te canses de intentar creértelo?
 Nada está bien cuando dos personas que eran inseparables ya no comparten sueños, nada está bien cuando antes dabas vida y ahora empiezas a quitarla.
Deja de mentirte y acepta que algo pasa, aunque no sepamos qué. Aunque no tengamos ni idea de por donde se ha roto todo, pero aceptémoslo; estamos rotos.
No somos los de antes, ni tú eres ese que hacía mil y una bobadas por hacerme sonreír, ni a mí me hacen gracia ya tus tonterías.

No somos aquellos que se podía pasar tardes sin hacer nada, simplemente estar juntos y con eso ya lo teníamos todo, ahora tenemos que hacer mil cosas, estar con mucha gente, para no darnos cuenta de lo solos que estamos.

Y duele, duele porque ni tú eres el de antes ni yo soy quien soy ahora.
Y no voy a entrar en que si eres tú, que si soy yo, el problema es que ya no somos nosotros. Y no busco culpables, ni si quiera se si busco soluciones, porque supongo que algo que tanto nos ha costado construir no vale la pena tirarlo a la basura pero también pienso que algo que nos está haciendo daño no merece la pena continuar.
Tal vez es eso de que las cosas cambian, y sí, claro que cambian, pero nosotros éramos los de, todo cambia, menos tu y yo y si hay que cambiar que sea juntos, que sea para bien, que sea para un presente, porque a ninguno de los dos nos gustaba hablar de futuros que no sabemos si van a llegar.

Pero... Ni si quiera sé si estás ahora mismo, ni si quiera te tengo en presente, y tal vez soy yo que ya no me conformo con los restos de lo que fuiste, o tal vez tú que ya no me miras y tiemblas, no lo sé, y no sé si quiero saberlo.

Escribo esto para decirte que te quedes, o que te marches para siempre, pero no te quedes ahí, que dueles. Duele, porque hemos pasado de querer ser, a ni si quiera estar.
Porqué si, sigues aquí, pero recuerda aquello de que dos no es igual que uno más uno. Y hace mucho que no somos dos, aunque nos duela.

Y prefiero que te vayas para siempre a que te quedes entre puntos suspensivos, prefiero que cierres de un portazo la puerta a que te quedes ahí, sin saber si entrar o salir, sin dejar que cicatricen mis heridas, jugando a eso de contigo ni sin ti, porque no puedo, ni quiero seguir jugando a algo que me está destrozando.

Voy a intentar ser clara: te quiero, y lo sabes, pero me comen las dudas de si sigues haciéndolo tu, incluso de si alguna vez lo hiciste, y no sabes lo jodido que es vivir sin saber si mañana al despertarte te seguirán queriendo o ya te habrán olvidado.
Te echo de menos, nos echo de menos, mucho, muchísimo, a los que éramos antes, y no entiendo por qué ya no lo somos, pero el caso es que no quedan restos de aquello, y si, te quiero, pero no podemos seguir así. Así que, te pido por favor, que te vayas para siempre, o que te quedes para luchar por un nosotros, pero no me marees más, no te quedes viendo como todo se hunde y no hagas nada, no me digas que no pasa nada, porque nos pasa de todo, y poco a poco, nos convertimos en nada.

No seas un cobarde, ten valor para decirme lo que sientes, si es que todavía lo sientes, y también para decirme aquello que ya no sientes, si es que has dejado de sentir. No voy  a luchar sola por esto, porque no puedo, porque no quiero y porque no me lo merezco. Repito, te quiero, pero el amor no duele, y me estás destrozando. Así que aclárate ya, o calla para siempre, que el ruido que hace este silencio me está dejando jodidamente sorda.

Espero que me entiendas, aunque a veces ni si quiera lo haga yo, pero entiéndeme, no puedo seguir permitiendo que la misma persona que en su día me provocó mil sonrisas ahora me esté llenando de lágrimas. Entiéndeme, que no eres tú, que no soy yo, es que ya no somos nosotros. Y ya no me quedan ganas de luchar por algo que está muerto, así que ayúdame a resucitar-lo, o a enterrarlo, pero haz algo ya. 
Porque así no se puede.

FINAL IMPROVISADO.



lunes, 11 de marzo de 2019

Ver para crecer.


La vida te enseña a base de hostias, cada vez estoy más segura de ello.
Por ejemplo, aprenderás a cuidar cuando pierdas algo que no querías perder.
Aprenderás a respetar cuando te falten al respeto y te duela.
Aprenderás a querer cuando hayas olvidado a quien no querías olvidar
Aprendes a creer cuando te sientes pequeña ante un problema
Aprendes las soluciones a base de cagarla.
Las respuestas a base de preguntas sin sentido
A pedir perdón por fallar a quien no se lo merecía
Y a perdonar por el mismo motivo.
Me refiero a que la vida no es fácil, y para querer salir de un sitio; has tenido que estar muy dentro de ese.
Para poder salir de un lugar, tienes que saberte el camino de memoria y darte cuenta que ese no es tu lugar, que vives ahí, pero no, o ya no, se le puede llamar hogar (aunque en su día lo fuese)
Aprendes que no vas a permitir que te hagan daño cuando te han roto en mil pedazos, que no vas a tolerar que te tomen el pelo cuando te lo han tomado anteriormente, y que no van a quererte mal, cuando te han querido de la peor forma posible.
Y supongo que gracias, supongo que gracias por quererme tan mal, por hacerme tanto daño, por ponerme aquella venda en los ojos que no había forma de quitármela, y no porque no quisiera, sino porque no la veía.
Gracias por encerrarme en una jaula y cortarme las alas, gracias a ello aprendí que quería seguir volando el resto de mi vida.
Gracias por pisarme, por hacerme sentir menos, gracias a eso entendí que yo no era una mujer de  menos, que tu solo eras un machista más.
Gracias por todas las veces que me dijiste que eso no podía hacerlo, porque nadie más me volverá a decir cuando como y con quien.
Gracias por todas las heridas, porque me demostré que podía curarme sola
Por las cicatrices que ahora tengo, que me recuerdan que ninguna cicatriz en mi piel volverá a tener ese color, que vendrán más heridas, pero no con tu cara, no con tus mierdas, no de esa forma.
Y si, tal vez resulta irónico decirle gracias a quien me jodió la vida, pero es que no lo hizo.
Lo consiguió durante un tiempo, eso es cierto, viví un puto infierno cuando quise salir de allí, incluso cuando salí, la puta dependencia emocional que habías provocado hizo que estuviese echando de menos algo que me estaba jodiendo la vida.
Pero llegó el día en el que me di cuenta que yo no te había perdido a ti, que lo preocupante de todo esto fue que yo dejé de ser yo, para convertirme en la novia de, porque renuncié tanto a mi identidad que ni siquiera yo sabía quien era o que cojones quedaba de mi.
Pero aprendí a volverme a mirar en el espejo sin ver tu reflejo en mis pupilas, aprendí a mirarme sin miedo, a recordar quién era yo antes de ti, porque querido, antes de ti, mucho antes de ti, estaba yo.  Aunque a ambos se nos olvidase eso en su momento.
Iba a decir  que me hiciste jodidamente fuerte, y no, me hice jodidamente fuerte, porque fui yo quien salió a adelante y no me da la gana darte ese mérito a ti.
Fui jodidamente fuerte para salir de tu puto infierno, para volver a coserme unas alas que me habías arrancado con tanta sutileza que no fui capaz de verlas hasta que intenté volar y me di cuenta que estaba atada. Y no sé como no me di cuenta antes, pero no lo hice.
Menos mal que las cosas caen por su propio peso, y caíste, mejor dicho se me cayó la venda que con tanto cuidado y tanto amor habías puesto en mis ojos, se me cayó aquello de que me protegías porque me querías, de que me controlabas porque tenías miedo. Miedo? Miedo tuve yo cuando quise irme y me di cuenta que estaba encerrada en una jaula de la que no tenía llaves para salir, miedo me dio a mi enfrentarme a la vida después de salir de todo aquello, miedo me dio a mi darme cuenta de que tu no sabias quererme y a mi se me había olvidado hacerlo. Miedo todo el dolor que me causaste, porqué me dolía cada cambio de actitud, cada mirada de odio, cada siempre la cagas, cada eres mía, cada quien te va a querer a ti si no soy yo? Y me suda el coño que lo dijeses con todo simpático, lo estabas diciendo y lo peor de todo, yo te estaba creyendo.
Me dolieron muchas cosas, pero lo que más me dolió fuiste tú.
Y si, de los errores se pierde, y lo más importante no es que me perdiste, es que gané.
Y gane una vida, literalmente, la que me habías quitado, y la que me hubieses quitado si no me hubiese retirado a tiempo
Y ahora no me digas que quieres estar a mi lado, porque yo también, y los dos aquí no cabemos,¿ lo recuerdas?  Nadie me iba a volver a querer como tu. Y joder, esa es la idea.
Me costó demasiado ver la realidad, como para ahora ponerme otra vez una puta venda en los ojos, y en las heridas y fingir que aquí no ha pasado nada, porque ha pasado todo.
Desde que tu no estás; a pasado todo. Todo lo que no podía pasar con una persona como tú al lado. Ver para crecer bonito, ver para crecer, y he crecido tanto sin ti, que no voy a permitir volver a hacerme pequeña, con lo bonito que se ve todo sin vendas, no me pidas que vuelva a cerrar los ojos, no me pidas que mire para otro lado, no me pidas otra oportunidad, porque ya la tuviste y la aprovechaste para hacerme pedazos.
Ahora que vuelvo a estar completa, no me pidas que me rompa por ti, porque si algo aprendí de ti, es que si tienes que romperte para encajar con otra persona; no es esa persona.
Y no eres tú, y no lo vas a volver a ser nunca.
Ya te lo dige una vez, que solamente cuando lo has perdido todo, desaparece el miedo a perder, y contigo lo perdí todo, me lo robaste todo, que ya no tengo miedo a perder nada,  que ya no tengo miedo a vivir porque ya no tengo consecuencias por cada cosa que hago o digo, que ya no tengo que mirar hacia otro lado cuando las cosas no me gustan, que ya puedo ser yo,
Y ese yo, no quiere saber nada de un tú que le cerro todas las puertas para que no pudiese salir, de un tú que ni sabia como quererme ni como estar sin mi, de un tú, que pensó que querer a alguien era llenarla de cicatrices, hundirla en la mierda para así poder depender de ti. De un tu, que me hizo dejar de ser yo, para ser nosotros.
Y ni aquello era amor, ni esto es una despedida, porque hace mucho que no estoy, así que ni lo intentes, que se prefiero infinitamente la guerra conmigo al infierno sin mí.

jueves, 7 de marzo de 2019

por si mañana nos toca beber el doble para olvidarnos.





Es difícil encontrar una bala perdida entre tanta guerra, alguien que te quiera entre tanto odio,
Creo que hace mucho que estamos más pendientes de odiar a nuestros enemigos que de querer a los nuestros, que miramos más un mal gesto que 200 abrazos, que una tontería nos puede amargar un día que parecía perfecto
. Creo que hace mucho demandamos cariño pero no siempre sabemos darlo, que todo tiene que ser perfecto pero ni siquiera nosotros lo somos. Hace mucho que vivimos en una crisis (de valores quiero decir) donde se valora más quien regresa que quien nunca se fue.
Y me parece que eso es un error. Hay que saber apreciar a quien nunca falla, quien nunca tiene volver, por el simple hecho de que nunca se va.
Y es aquí cuando entras tú, Con tu sonrisa infinita y tus grandes ojos negros. Llegaste y llenaste de grados de alcohol todas mis cicatrices, me hiciste protagonista de aquella canción que tanto te gusta y me enseñaste que quererte libre era quererte de verdad.
Siempre pensé que eso de la libertad era poder irte con quien quieras sin dar explicaciones, hasta que llegaste tú y me enseñaste que es tener el poder de elegir y escogerte todas las veces. Que no era ir de brazo en brazo, era tener la opción de poder irme cuando quisiera y aún así quedarme.
Era no tener una fecha porque cada día es un nuevo comienzo, un nuevo motivo para volver a quererte, una nueva excusa para demostrarte que te elegiría mil veces más. Que no somos normales, y no queremos serlo, que somos más de emborracharnos que de ir al cine, más de cenar pizzas que de ir a un restaurante de esos que van todos cogidos de la mano, que somos más de jugar a ser niños que pensar en un futuro.
No somos de esos que quieren parecer perfectos cuando en realidad están completamente rotos, ni de esos de subir fotos para demostrar que nos seguimos queriendo, tampoco de aquellos que tienen que estar todo el día abrazándose para demostrar que están enamorados.
Todas esas parejas “perfectas”, entre muchas comillas, donde hace mucho se acabó el amor y les queda la rutina.
Yo prefiero seguir con nuestra locura, con no saber dónde vamos a terminar cada vez que salimos de casa, con nuestros altos y bajos, nuestro espacio para poder echarnos de menos, nuestras ganas de bebernos las noches sin importar si mañana amanecemos aquí o a 200km.
Créeme que prefiero mil veces esto de querernos sin un manual de instrucciones a todos aquellos que son todo cuando ya no les queda absolutamente nada.
Te quiero así, libre, con nuestras peleas de esas que a los 5 minutos ni si quiera nos acordamos de porqué discutimos.
Así, sin un para siempre de por medio, porque entonces te quiero hoy como si te pudiese perder mañana.
Y si llega mañana, no quiero tener que arrepentirme de no darte el último beso o por no abrazarte más.
Por eso quiero brindar contigo hoy, por si mañana nos toca beber el doble para olvidarnos.

domingo, 3 de marzo de 2019

La diferencia entre dolor y sufrimiento.





A lo largo de nuestra vida vamos a experimentar diferentes estados de ánimo. Uno de ellos va a ser el dolor, y eso es así y no vamos a poder cambiarlo.
Da igual lo que os digan, hay momentos que toca estar tristes, por ejemplo, la persona más feliz y positiva del mundo, va a estar triste si la despiden de su trabajo, si se le muere un familiar, si pierde a su pareja. Y es normal, incluso es necesario pasar ese dolor, ese duelo, nos ayudará a ser más fuertes luego.

Pero, y aquí viene la diferencia entre dolor y sufrimiento. Si te despiden y tu cabeza ( que es tu peor enemiga ) te empieza a gritar que no volverás a encontrar trabajo, que donde te van a contratar a ti, que ahora te va a faltar dinero, que ¿qué vas a hacer con tu vida?. Eso es puro sufrimiento. Si tu novio te deja, lo pasas mal, es normal, pero es sufrir a lo tonto empezar a pensar que no vas a volver a encontrar a nadie como el, que nadie nunca volverá a quererte. Hay que dejar de sufrir, y para ello, la única solución es enseñar a nuestra cabeza a que deje de pensar más allá. Esa voz que te grita por las noches, sabéis a lo que me refiero, verdad?

Igual que entrenas tus músculos, tus piernas, tus brazos, tenemos que entrenar a la cabeza para que cuando se desvíe y empiece a sufrir pensando que va a pasar mañana, llevarla al presente, porque chicos, solo existe el presente. Mañana existirá mañana pero será presente mañana, hoy no lo es.
El otro día leía que las personas que viven en el pasado sufren depresión, que hubiese pasado si hubiese hecho esto, joder, que si no ha hubiese cagado ahora tendría a mi pareja, esas cosas. Y las personas que viven en el futuro sufren ansiedad; que haré mañana con mi vida? Quien va a estar a mi lado en los próximos años? Qué pasa si esto me sale mal? No, hay que vivir el presente, y el presente es lo único que puedes cambiar.

Es normal preocuparse en qué pasará en un futuro, pero, lo mismo que antes, una cosa es pensar y otra sufrir por algo que ni si quiera ha pasado.
Cuántas veces hemos estado semanas sufriendo por algo que todavía no ha sucedido? Por algo que nuestra mente piensa o siente? Cómo esperando el golpe. Y sabes? Entonces tienes, el dolor cuando llega el golpe, y el sufrimiento de antes de que llegue que ha sido totalmente innecesario, porque cuando llega el golpe; duele lo mismo, o incluso más.
No soy quien para dar consejos a nadie, ya que solamente llevo unos meses entrenando a mi cerebro, pero os prometo que funciona,.
Yo, cuando, por ejemplo, alguien quedaba conmigo y a última hora me cambiaba los planes pues (aunque no dijese nada) siempre me medio mosqueaba, y no, ese alguien, en ese momento, le habrá surgido algo lo suficientemente importante como para no estar contigo hoy. Creo que no hace falta recalcar que eso lo digo para personas que os demuestran que le importáis, un tío, o una tía, que os muestra indiferencia, o que nunca puede quedar; puerta. Así, sin más.

Pero hablo de la gente que os demuestra que os quiere y que os quiere de verdad y aún así le exigís mucho más. Y si, es bueno ser exigente con la gente, pero también con uno mismo. Pregúntate si tú estás dando aquello que estás pidiendo. Y aunque la respuesta sea si, cada persona es un mundo, y alguien que te quiere mucho, que te quiere con todas sus fuerzas, puede que lo demuestre de una forma diferente a la tuya.  Eso sí, que os lo demuestren, sino, otra vez; puerta.
Yo, si os soy sincera, me he castigado durante mucho, muchísimo tiempo a mi misma, siempre lo he dicho, que mi peor enemiga era yo misma, siempre esa voz en mi cabeza que me decía que yo no podía, que yo no valía, que donde iba yo a intentar hacer cualquier cosa. Que yo era menos que nadie, que no valía para absolutamente nada. Y sabes de quien era la culpa? No de esa voz de la mente que siempre está hablando, sino mía, por hacerle caso.

Vuestra cabeza no va a parar de pensar, pero está en vuestra mano no escucharla cuando vienen esos pensamientos negativos. Yo, ahora mismo, si empiezo a rallarme la cabeza me digo a mi misma, no, te estás yendo por las ramas y esto no te aporta absolutamente nada, y intento que mi mente vuelva a un lugar neutro.  Y no es fácil, grita mucho, y muy alto. Pero se puede.

No soy nadie para dar consejos, y menos a gente que no conozco, porque no sé vuestra historia, vuestra voz, vuestros motivos. Pero me ha cambiado tanto la vida esto, que me he visto en la obligación de contaros este pequeño secreto.

Intentad educar a vuestra mente, no viváis en pasados que ya no puedes cambiar ni en futuros que todavía no han llegado, deja que las cosas duelan cuando tengan que doler, no empieces una relación pensando que se va a acabar, porque cuando se  acabe (si se acaba) vas a tener el dolor de la ruptura, y el sufrimiento que has tenido durante X tiempo, total para terminar con el mismo resultado.

Cuando os pase algo, parad, pensad  con claridad y sed conscientes en todo momento de lo que es realmente el problema y de lo que vuestra mente está intentando que sea. Y decidle que vuelta al punto neutro, que analice el problema, que busque soluciones, pero no dejéis que se vaya a pasados ni a futuros, siempre al centro. Se os va a ir, pero intentad que vuelva, y hacedlo una y otra vez. Al final, os volverá sola, y es entonces cuando habremos aprendido a vivir sin sufrir en exceso.  A vivir el día a día. A vivir tio, a vivir.
A partir de aquí el video ha sido totalmente improvisado, por tanto, no tengo letra de ello. Un abrazo

martes, 12 de febrero de 2019

Te quiero, pero estoy harta

Ha vuelto a pasar, otra vez la sensación de vacío, ese vacío que sientes cuando alguien a quien quieres te vuelve a demostrar que él no tanto.
Que no quiere perderte, o eso dice, pero tampoco sabe tenerte sin que termines llena de cicatrices, y a mi, no me queda más espacio en el cuerpo para otra puta cicatriz que lleve tu nombre.
Y lo siento si hablo mal, lo siento si digo cosas de las que posiblemente en 10 minutos estaré arrepentida, pero estoy harta, hartísima, y no voy a seguir callada para ver cómo sigues haciendo, conmigo, con nosotros, lo que te da la gana, y yo, seguir permitiéndotelo.
Estoy cansada, cansada de sentirme estúpida, cansada de tener que buscar excusas para no terminar con todo, cansada de mirar hacia otro lado para no darme cuenta que estoy haciendo el imbécil.
Y es que hay que serlo para seguir ahí después de todo, después de tanto.
Y me duele, me duele porque no entiendo si has cambiado o es que nunca te he llegado a conocer durante todo este tiempo.        Y lo que más me duele, me molesta y me desestabiliza es que, ahora mismo, dudo hasta de los buenos momentos juntos, empiezo a pensar que si he sido yo la que los he provocado autoengañandome.
Me pregunto porque cojones he aguantado tanto después de todo el daño que me has ido haciendo, y ya me importa poco si lo hacías consiente o si no, el caso es que el resultado siempre era el mismo; tú de puta madre, yo hecha una mierda.
Me pregunto también porqué cojones estoy escribiendo esto, cuando ni si quiera mereces eso, mereces un portazo en la cara, por todos los que me he llevado yo cuando se te cruzaban los cables y decidías mostrarme que no te importaba una mierda.
No sabes la imensa sensación de vacío, de rabia, de dolor, de pena, que se yo. Dolor porque me jode quererte después de todo, rabia hacia mi, por permitirte que me sigas haciendo daño, por creerte cuando me dijiste que ibas a cambiar, que esta vez todo sería diferente, que la última oportunidad. Y ya van 3.
Estoy harta de que me lo des todo y luego me lo quites, harta de tus idas y venidas, de que hoy me demuestres que me quieres y mañana lleves la indiferencia por bandera.
Harta de que no te des cuenta de nada, de que solo me valores cuando me pierdes, de que pases de todo, que te importe todo una mierda, que ni si quiera seas capaz de preguntarme como estoy; porque lo sabes, estoy hecha una mierda, y es por ti.
Cansada de vivir en un constante “ y ahora que” , con la duda de si mañana vas a quererme o vas a demostrarme que no te importo nada, y no puedo evitar preguntarme cuando cojones mientes, si cuando dices que me quieres, o cuando demuestras que no.
En todo caso ya poco importa, porque esta es la última vez que me haces daño, y no, no porque me lo vuelvas a prometer tu, sino porque esta vez soy yo la que se lo promete. Porque me voy, me voy porque no tienes ni idea de querer a nadie sin terminar rompiendo, porque no sabes cómo reaccionar cuando toca reaccionar, porque siempre actúas tarde, porque han sido demasiadas veces las que he sentido que no valía nada.
Porque no tienes ni idea del vacío que se siente cuando alguien que se supone que te quiere, hace todo lo contrario a lo que haría alguien que lo está haciendo.
Si bien lo piensas, tampoco pierdo tanto, pierdo alguien que no me quiere, la putada es la tuya, que estás perdiendo a alguien que se quedó ahí incluso estando a pedazos, que estando completamente rota seguía dando la cara por ti.
Pero todo tiene un límite, y ya que tu no me quieres, lo tengo que hacer yo, y me marcho, porque no merezco que me quieran así, porque te he dado demasiadas oportunidades que siempre terminas desaprovechando cuando te acostumbras a que la tonta lo perdone todo. Y no, cada acto tiene sus consecuencias, y el conjunto de los tuyos; es perderme.
Y si, es una tontería, y soy una exagerada, y todo me lo tomo a mal, y todo lo que tú quieras, pero muchas tonterías juntas hacen que quieras enviarlo todo a tomar por el culo, y este es el caso.
Espero que la próxima estúpida que decida quedarse a tu lado, al menos la valores antes de perderla, o simplemente; no la dejes hecha pedazos, porque al final, se cansará de hacer el imbécil y se irá de tu lado, por mucho que te quiera, nadie merece al lado a alguien que le haga daño, y tu, eres experto en hacer feliz, pero no veas como dueles cuando sacas tu verdadera cara. Y no, no compensas.
Te quiero, pero me he cansado de hacer el imbécil, así que esta vez te toca a ti, aprender a vivir sin mí. 

Mi libro: 
http://www.lulu.com/shop/mundos-divididos-rous/beber-de-m%C3%A1sechar-de-menos/paperback/product-22427117.html

miércoles, 23 de enero de 2019

No se de que modo, pero te quiero


Voy a ser valiente: tengo miedo. Miedo a darme cuenta que siento algo que no debería sentir. Miedo a que hayas despertado los fantasmas de pasado. Miedo, porque anoche estuve pensando en ti, y antes de ayer, y ahora mismo, y ni si quiera yo soy capaz de entenderlo. Vamos a pensar que estoy confundida y que simplemente es una rayada, de esas que me vienen una vez al mes. Vamos a creernos que no sonrío más de la cuenta si te miro o que no se para el tiempo cuando estoy contigo. Vamos a suponer que no te imagino por las noches y no recuerdo todos los momentos que pasé contigo una y otra vez. Supongamos que no te echo de menos cuando te tengo a 3 cm de distancia y que no tengo celos cuando me hablas de otra gente. Supongamos que no echo de menos aquellos momentos donde el mundo deja de existir y solo importa tu sonrisa y mis ganas de morderla, que no pienso en aquello que no pudimos ser o en lo que nunca seremos. Supongamos que no guardo tu último beso bajo llave por si acaso no se repite y que no recuerdo aquello que me dijiste la última vez que fuimos sinceros. Venga, juguemos al juego de que ninguno de los dos siente nada, juguemos, porque tengo miedo de aceptar que seguimos siendo los mismo imbéciles que se quisieron a escondidas. Nadie dijo que eso de ser amigos fuera fácil, pero ninguno de los dos estábamos dispuestos a perdernos del todo, y fue la mejor forma de quedarme a tu lado. O tal vez la peor. Si te soy sincera, incluso yo me he llegado a creer que ya no me importabas, he llegado a pensar que mi cabeza había conseguido separar lo que fuimos de lo que no podíamos ser. Pero ahora no se si ha sido realidad o simplemente escudo. Sigo pensando que no puedo estar contigo, somos demasiado diferentes, o tal vez nos parecemos demasiado, pero ya nos dimos contra la misma pared de la inseguridad demasiadas veces como para volver a coger carrerilla. No vengo a decirte eso, simplemente necesitaba decirte que, tal vez, para mí sigues siendo igual de importante como lo fuiste en su momento. Han pasado muchos meses intentando distanciarme de ti para que no sufras, o tal vez para no sufrir yo, pero no puedo, no podemos, hay algo que siempre me hace regresar donde tu estés, hay algo que no me deja irme. Y ese algo eres tú. Con tus tonterías, tus enfados, tus miradas que hablan más que tus palabras, tus bobadas, la forma que tienes de hacerme sentir que sigo siendo una niña pequeña, una niña con miedo a que descubras que hay 1000 personas ahí fuera dispuestas a ocupar la cama donde tantas noches dormí. Con miedo a que ya no me necesites, con miedo a necesitarte. Con miedo a todo lo que tenga que ver contigo. Pero sigues aquí, después de todo, y no entiendo si por comodidad, por costumbre o porque tú tampoco sabes lo que sientes. Quién sabe, quizá aquellas bromas esconden demasiadas verdades y yo no he sabido leer entre líneas, o tal vez no he querido, para no tener que aceptar que el pasado nos está llamando a la puerta. Deja de mirarme con esos ojos cuando estamos juntos, deja de sonreír cada vez que te miro, deja de ser tan tu... Porque a veces, y solo a veces, echo de menos ser nosotros. Los dos sabemos que hay cosas que no funcionan y una de ellos somos tu y yo, y tal vez por eso tengo miedo, a quererte, a que me quieras, a darnos cuenta que no hemos sido capaces de separar el cariño del amor. Pero es tu culpa, es tu culpa por hacerme sentir especial a cada rato, por ser tan tú, por convertirte en todo. Y ese es el problema, cuando alguien se convierte en todo, porque caes en el riesgo de quedarte sin nada si algo falla. Y los dos sabemos que a ninguno de los dos nos sale nada bien. No vamos a ser una excepción. No sé porque te escribo esto, tal vez sea para decirte que creo que estoy volviendo a ver el muro enfrente nuestra y que no sé si alguno de los dos quiere parar, tal vez porque no tengo el valor de aceptar que has vuelto a resucitar aquello que creí enterrado. Tal vez era cierto aquello que dijiste que nunca seriamos capaces de olvidarnos del todo. Creo que esta vez ha sido mi culpa, construí una perfecta barrera entre tu y yo para que a ninguno de los dos se nos ocurriera saltar el muro, y te juro que cuando volví a ser yo pensaba que estabas superado. Pero tal vez no era así, tal vez ninguno de los dos habíamos sido capaces de mirar a otro lado. Ojala pudiese creerte cuando dijiste que seguías pensando en mi cuando dormiste con ella, pero incluso eso me da miedo, porque sería aceptar que solo los imbéciles repiten el mismo error dos veces, que ya nos dimos cuenta que no somos capaces de estar juntos, que sería una putada volver a pasar por todo aquello, o tal vez no, quien sabe. Tengo miedo de creerte cuando bromeas con futuros perfectos, cuando te emborrachas y me dices que me sigues echando de menos, cuando me voy cuenta que yo también, que aunque he intentado alejarme de ti, siempre vuelvo, de echo empiezo a pensar que nunca me fui. Me vas a volver loca, no intentes entenderme porque no soy capaz de hacerlo yo, no se ni lo que siendo, ni lo que quiero sentir ni lo que debería sentir. Solo sé que te quiero, no se de que modo, pero te quiero, y que tal vez dos personas que se quieren no se pueden olvidar si están cerca, pero tampoco estamos dispuestos a estar separados. Solo sé que tuve celos cuando supe que dormías con ella y que me enfadé cuando dijiste que incluso así me echabas de menos, pero tengo que reconocer que yo también intenté no pensarte en otros brazos, y casi lo consigo. Pero a veces hay que saber que es mejor una amistad para toda la vida que una relación de 3 meses. Por eso me fui, porque si me quedaba nos terminaríamos haciendo daño. Y es justo eso lo que no quería. Porque decir adiós también es querer, tal vez, la forma más pura, menos egoísta. Creo que no te he dicho nunca que ese fue el verdadero motivo por el cual dejé de quedar contigo, porque te quería demasiado como para joderlo del todo, porque quise huir antes de que los celos y la desconfianza se apoderara de nosotros, por eso intenté construir una barrera, para poder seguir uno al lado del otro, para, de algún modo no perdernos nunca. Pero deja de ser tan adorable, que se me caen los muros. Y no quiero eso.

YO NO ME FUI, TU ME DEJASTE IR



Llevo un rato delante de un papel en blanco que no se si seré capaz de llenar de tinta, no lo sé, porque ni si quiera yo se cómo me siento. Si te soy sincera me he despedido de gente que pensé que sería para siempre, he fallado mil veces y me han fallado otras tantas, he caído en incontables ocasiones y me he roto por la mitad más de una vez. Pero hoy es distinto. Ninguno de los golpes del pasado duele tanto como me está doliendo ahora. No estoy enfadada, estoy triste, decepcionada, y sigo sin entender cómo alguien es capaz de jugar así con otra persona. Cuando alguien se va, tarde o temprano aprendes a vivir con ello, pero cuando quien te destroza es quien tienes al lado y encima eres tu quien tiene que sacar valor e irte no sabes donde meterte. Maldita pelea entre lo que quiero hacer y lo que debo, entre lo mucho que te quiero y lo que te odio ahora mismo, entre todo lo bueno que me regalaste y el dolor que siento ahora mismo, entre las ganas de darte un abrazo o de salir corriendo y no volver a verte nunca. Cuando quien te hiere es quien dice quererte todo se complica. Puedes prometerme una y mil veces que no la vas a volver a cagar de esa forma, pero ¿ que más da? Aquí ya no queda nada que romper, estoy completamente hecha pedazos. Sigo sin entender como alguien que dice que te quiere es capaz de hacerte daño, Yo también he cometido errores y los dos lo sabemos, pero hay cosas que nunca pondría en riesgo, y una de ellas eres tú. Pero parece que no te importó romperme por completo, de nada vale ya eso de arrepentirse, cuando alguien ya está roto con un « lo siento» no se le juntan las piezas, con un «soy un imbécil» no arreglas el dolor. No entiendo cómo alguien puede mentirte y seguir mirándome a la cara como si nada, no entiendo cómo todavía tuviste valor a decirme que no querías perderme. No te mientas, si quieres algo luchas por ello, quien juega con fuego se termina quemando, y tu, quemaste todos los motivos para seguir confiando en ti. Y no hay nada que duela más que no poder confiar en alguien a quien quieres. Porque puedes cagarla un millón de veces, pero cómo mínimo: se valiente. Que un enfado se pasa, una decepción deja una cicatriz de esas que el tiempo ya no puede curar. De esas que ya nunca volverá a ser cómo antes, por mucho que yo me empeñe en perdonar, y tu en pedir perdón. Cuando algo se rompe ya no existen vendas que puedan curar esas heridas, pueden taparlas por un tiempo, pero nunca serán capaces de cicatrizar del todo. Y sigues empeñado en decirme que no quieres perderme, y eso es lo que más me jode, porque puedes hacerme daño y luego irte de mi lado, que ya me encargaré yo de olvidarte. Pero no entiendo cómo puedes fallar a una persona que quieres, que te quiere, que daría todo lo que tiene por verte sonreír. Y ahora míranos, ninguno de los dos encuentra su sonrisa, pero no te equivoques, tu estás triste porque dices que no quieres perderme. Yo, estoy triste porque ya nos hemos perdido. Y créeme que me duele mucho más que a ti, porque yo no tuve que perderte para saber que te quería a mi lado, a mi nunca me hizo falta eso, pero no estoy dispuesta a quedarme al lado de alguien que no sabe lo que tiene hasta que lo rompe y es entonces cuando lo echa de menos. No te imaginas lo mucho que te voy a echar de menos, ni lo duro que es tener que irte del único sitio donde querías vivir para siempre, pero yo no me fui, tu me dejaste ir. Así que no me digas que me echaras de menos, porque me tuviste al lado y no supiste valorarlo. Estaba dispuesta a dar mi vida por ti, lo que no sabia es que eras tu mismo quien me la quitaría. Y ¿ Sabes lo peor de todo? Que sigo queriéndote con cada uno de  los pedazos que dejaste 
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